martes, 19 de agosto de 2014

Las artes figurativas, silenciadas


La exposición De Miró a Barcelona, primera entrega del ciclo Miró, Documents, se propone profundizar en diversos aspectos de su vida y obra. Tiene lugar en su fundación privada, que pervive financiada --como la Tàpies, igualmente privada--por la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. Presenta diversos proyectos, algunos llevados a cabo, como el enorme mural del aeropuerto (1971), el mosaico en las Ramblas y el bibelot a escala gigantesca de la plaça del Escorxador. Según Rosa María Malet, directora de la fundación y comisaria de la exposición, "los cuatro proyectos responden a la misma voluntad de que el arte entrara de forma natural a ser parte de la vida cotidiana de aquella España gris de finales de los 60". En esos mismos años el ayuntamiento inauguró el celebrado Museu Picasso y el Museu Clarà --máximo escultor del Noucentisme-- y llevó a cabo la visualización de las murallas romanas y la musealización in situ de la ciudad romana que se halla en el subsuelo de la plaza del Rei. Pero paradójicamente, con la democracia ya consolidada, se sepultó el formidable hallazgo de la gran villa termal romana de la Sagrera y se liquidó el Museu Clarà pese a la firme oposición de las entidades culturales. Y con tal sutil, absurdo y oscuro proceder, los esoterismos abstractos de Miró y Tàpies --alabados hasta la saciedad-- han sustituido y silenciado oficialmente a las artes figurativas propias de la cultura occidental. El llamado arte contemporáneo --abstractos y derivados-- está financiado, promovido y publicitado por los inextricables intereses de la política. Pero son los ciudadanos los que pagan la cuenta.

Viernes, 15 de agosto del 2014 Jordi Pausas (París)

Extraída de las cartas de los lectores de la Vanguardia