miércoles, 31 de octubre de 2012

Concursos de arte con trampa y otras estafas.




Se me ha ocurrido hacer una lista de concursos trampa / estafa. Os remito a una entrada anterior, que publiqué en mi blog,  que habla de este asunto más extensamente "Más sobre concursos de pintura"

Resumiendo:

1º Aquellos concursos de pintura/escultura etc., que se paga por el simple hecho de participar.

2º Propuestas para participar y aparecer en libros de arte, que no se mira nadie y que se paga por salir en una página (seas un novato o un profesional), lo que se trata es de que pagues.

3º Aquellas exposiciones colectivas de dudosa credibilidad (que te hacen pagar por cuadro expuesto).

En fin, todas aquellas propuestas trampa en los que los beneficiados son los promotores a costa de los ingenuos artistas.  Os propongo ir haciendo la lista en esta entrada o en los comentarios:

Aquí va la primera:

Concurso FLORENCE-SHANGHAI PRIZE (Present Art Festival de Shanghai )

PREMIOS:

El jurado seleccionará obras para participar en una exposición en Present Art Festival de Shanghai 2013.Se podrá participar con cuatro, dos o una obra según  sea el 1º,2º o 3º premio. Además los ganadores de cada categoría pueden participar gratuitamente en una de las exposiciones colectivas en el Present Art Space de Florencia (No dice si la exposición es VIRTUAL o no)

También habrá 60 finalistas que (¡Gran premio!)se les publicará una obra en un catálogo y  podrán participar en una exposición VIRTUAL de Present Art Community.

LO MALO:
Hay que pagar 60 € (euros) a fondo perdido y sin devolución. Otra vez a pagar un concurso que con mucha probabilidad el artista no será seleccionado. Y los premios no es que sean para tirar cohetes. Otro concurso trampa para ganar dinero... pero no los artistas.

domingo, 21 de octubre de 2012

El arte contemporáneo ante el cambio de paradigma: la gallina.

Odio la prosa pseudofilosófica postmoderna. Ha sido leer "cambio de paradigma" y dejé, asqueado, este artículo.
 

A ver... Haré un esfuerzo y lo leo, Un momento. Quizá diga algo interesante, a pesar de todo.

Vale. Leído. Pues no, no me gusta, definitivamente. Viene a decir que "pobrecico el arte contemporáneo, ahora que hay crisis".

A mí me parece que si de algún lado sale todo el tinglado del arte contemporáneo (yo no lo llamaría sistema, que para mí es una palabra respetable que me trae a la memoria cosas chulas de ciencia), es precisamente, del tinglado aún mayor de los "mercados", que básicamente son las actividades de las oligarquías formadas por banca internacional, empresas transnacionales y grandes fortunas nacionales. O sea: los ricos de toda la vida.

Que ahora se estén vendiendo menos "cosas" contemporáneas (la palabra "obra de arte" me la reservo para otros usos) es sólo síntoma de que las oligarquías están ahora ocupadas extrayendo dinero del pueblo, como si fueran vampiros o algún tipo de ente estraterrestre capaz de sorber fuerza vital de los desprevenidos ciudadanos corrientes. Por lo tanto, andarse con pasatiempos como venderse entre ellos cagadas con lacitos (respetable costumbre francesa de antes de la Revolución de 1789) es algo que ahora mismo no viene a cuento. Mejor chupar, sorber y dejar seco al pueblo ahora que se ha abierto la veda. Cuando acaben con nosotros ya se preocuparán de volver a inventarse un pasatiempo. ¿Quizá el tráfico de niños en formol? Pues quien sabe, todo puede ser.

Es lógico que el director del Reina Sofía se preocupe por su futuro inmediato. Pero yo, al menos, tengo otros problemas.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La confusión del arte contemporáneo

Maurizio Cattelan, denominado "Novecento", pero yo lo llamaría "¡Vaya putada!"


A raíz del artículo online de Avelina Lésper publicado en "Vanguardia",  "El arte contemporáneo es una farsa" y viendo la cantidad diversa de comentarios que han surgido me he permitido hacer algunas reflexiones sobre lo expuesto.

En realidad lo que dice Avelina es algo que está en la mente de mucha gente corriente de la calle, pero obviamente no creo que pretenda generalizarlo de manera absoluta. No todo es bueno, ni todo es absolutamente malo. Lo que ocurre y confunde a mi entender es que hablamos de arte a nivel general, cuando el arte tiene muchas vertientes: la pintura, la escultura, la música, el cine, la arquitectura, la ilustración, el teatro, la literatura, la poesía, y aun podríamos seguir. Del hecho de querer fusionar unas artes con otras radica una parte del problema. En el caso que tratamos, el de las artes plásticas, en la que podemos incluir  la pintura, la escultura, la fotografía, el dibujo o la ilustración, el grabado, en incluso la cerámica o la joyería, estamos metiendo en el mismo saco a las performances, vídeoarte e instalaciones y esto no lleva a nada bueno ya que se confunde al público y en el fondo se le engaña. Sin duda habrá muchas de estas representaciones que serán de calidad y otras que no, como ocurre en la pintura, pero dejemos las performances para los amantes de las performances, el vídeoarte para los amantes del vídeoarte y las instalaciones para los amantes de lo efímero y dejemos tranquilas a las artes plásticas en el lugar que le corresponden y para los aficionados y amantes que les corresponden.



Incluso en las mismas artes plásticas la exposiciones tendrían que ser bien diferenciadas. Mezclar dentro de la misma exposición obras fotográficas y obras  pictóricas me parece también un error ya que son artes que tienen unas diferencias muy grandes en cuanto a la manera de ser creadas e incluso en sus resultados plásticos. Es como si un espectador va al cine para ver una película y en vez de una película se representa una obra de teatro, obviamente se sentirá engañado. Creo que el espectador prefiere ver una exposición de pintura separadamente de una exposición fotográfica. Me decepciona muchas veces ver muchos concursos de pintura y exposiciones en los que parte de las obras son fotografías. ¡No fastidiemos! El pintor ha tenido que aprender el oficio de pintor y el fotógrafo el de fotógrafo.



Dicho esto creo que hay otra confusión al hablar de "Arte Contemporáneo" de una manera global como si fuese un término en sí mismo. Si nos atenemos a la definición de contemporáneo (lo que existe al mismo tiempo que algo tomado como referencia) nos damos cuenta que hablar de arte contemporáneo y englobar en él a todo el arte que se crea en una época o en un tiempo determinado (por ejemplo el arte de la actualidad) sería lo correcto. Todo el arte que se hace hoy en día es contemporáneo de cualquier otro arte que se haga hoy en día, por lo tanto no se puede llamar arte contemporáneo solamente al arte transgresor, a las performances, al vídeoarte, a las instalaciones, etc., sino que también los cuadros "clásicos" pintados hoy en día son arte contemporáneo. Así pues,  aunque parezca una obviedad, no se puede afirmar que el arte contemporáneo es "un falso arte", ni que "carezca de rigor", ni que le "falte inteligencia", sino que hay un tipo de "arte" actual y pasado de rosca que no tiene estas cualidades éticas y estéticas que debería tener el verdadero arte. Y aquí es donde se utiliza aquello tan vulgar de "sobre gustos no hay nada escrito", aunque yo creo que sí hay mucho escrito pues si una obra no contiene creatividad, inteligencia, armonía, y una bella composición estética carece de buen gusto y deja de ser una obra de arte. Pero si alguien quiere torturarse con esas cosas que no llegan al alma y creerse que por ello es más inteligente y "moderno" que los demás allá él con su conciencia. 

Resumiendo, yo cambiaría el sentido que se le da al término "Arte contemporáneo" por su verdadero significado, es decir, arte existente en la actualidad  y pasaría a llamar a estas llamadas "artes" con un simple y poco original nombre: "Ocurrencias contemporáneas". 


lunes, 1 de octubre de 2012

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miércoles, 26 de septiembre de 2012

HARTOS DE TODO

En estos días, el nombre Hartismo parece profético. Aunque en España hemos comenzado este movimiento del Hartismo hartos de arte falsario, de superficialidad hecha pasar por sesuda creación, los acontecimientos del país nos están haciendo ser hartistas de todo.

El rechazo a la mentira del mal llamado arte contemporáneo es lo que nos ha hecho unirnos. El conocernos ha resultado y sigue resultando fructífero. Hemos tomado conciencia de la universalidad de este rechazo a la mentira también universal. Antes pensábamos, cada uno de nosotros, ser el único en ver al emperador desnudo. Una vez establecida esta conciencia cada uno, instintivamente, se ha vuelto a su taller para trabajar en lo suyo. Desgraciadamente, el resto de las cosas se ha ido deteriorando, la mentira que ha podrido al arte oficial se ha vuelto norma para el resto de las cosas públicas, que también se están pudriendo.

Tristes tiempos y triste país el mío... pero el resto del mundo tampoco parece muy sano. ¡Ahora el arte falsario parece el menor de los problemas! Quizá sea el momento de que el hartismo abarque más campos que el arte, con otros nombres, seguro, pero con este mismo espíritu de tolerancia cero a la mentira y la manipulación.

¡Saludos, hartistas de todos los tipos y de todos los continentes!

martes, 1 de mayo de 2012

Más sobre concursos de pintura




Sobre concursos de pintura ya escribí un post hace unos dos años, que titulé "Concursos de pintura: ¿Una farsa?". Continuamente me llegan emails invitándome a participar en ellos, pero por las razones que explico en mi anterior post he decidido no presentarme a casi ninguno.

En esta ocasión he recibido una invitación de ART-FAD para participar en un concurso de pintura. ART-FAD es una de las varias asociaciones dedicada al arte, artesanía y orfebrería contemporáneas que dependen de FAD (Foment de les Arts i del Disseny), una asociación privada, independiente (pero con el soporte de la Generalitat de Catalunya i el Ajuntament de Barcelona) y sin ánimo de lucro (según se presentan en su página web), que tiene como objetivo promover el diseño y la arquitectura en las esferas cultural, económica i social del país. FAD es una asociación con una larga historia que fue fundada en 1903 y que se presenta como el primer Centro de referencia del diseño y la arquitectura de Catalunya y España.

Viendo la procedencia del evento se podría decir que promete, pero leídas las bases del concurso uno se queda algo perplejo. En primer lugar hay dos categorías: Profesionales y estudiantes, pero curiosamente los premios serán los mismos para ambas categorías, consistentes en unos trofeos y una exposición conjunta en la sede del FAD y en la galería N2 (ver más detalles en las bases). 

Como es habitual en muchos concursos de última generación hay una preselección o primera fase (cosa que me parece correcta) en los que se tienen que enviar unos dosiers con 5 fotografías (entre ellas la obra a concursar), curriculum, ficha técnica, etc., para que el jurado seleccione los 15 o 20 trabajos que considere de mejor calidad.  

Hasta aquí todo correcto, si no tenemos en cuenta el tipo de selecciones que se suelen hacer. Pero llegados al apartado "Precios de Inscripción ", en el que  hay seis tipos de tarifas diferentes dependiendo de si eres socio estudiante o profesional o no socio estudiante o profesional, es cuando uno se queda verdaderamente perplejo (ver tarifas en las bases). Los precios de dicha inscripción oscilan  entre los 20 € y los 60 €, haciendo un promedio y un cálculo aproximativo y en el supuesto de que se presenten unos 400 candidatos a 40 € de promedio, resultan la nada desechable suma de 16.000 €. Por otro lado el candidato no socio que ha pagado 60 € (unas 10.000 de las antiguas pesetas) lo más probable es que se quede en la calle con 60 € menos y sin ni siquiera exponer el cuadro, y todo ello por el simple hecho de enviar un dossier para que sea juzgado por los señores de jurado (que esperemos que se lo miren).

Se trata, según mi parecer de otro ejemplo de concursos de pintura poco atractivos e interesados ¿No tienen estas entidades como finalidad fomentar el arte y difundir la obra de los artistas? ¿Cómo es posible que el artista deba desembolsar esas cantidades por el solo hecho inscribirse en el concurso? Me parece a mi que más que difundir y promocionar el arte se trata de un negocio muy lucrativo para la entidad, pero en ningún caso para el artista que resulta casi siempre perjudicado económicamente.

Como nota final tengo que destacar que entre los miembros del jurado (suelo mirar en internet quienes son, por si las moscas) únicamente se encuentra un artista, Antonio Miralda, un artista que además es "multidisciplinario", lo cual quiere decir (según la obra que he visto de él) que los que pintamos cuadros "normales" lo tenemos muy crudo para ser admitidos. En cuanto al resto del jurado no puedo opinar ya que desconozco sus preferencias artísticas.

Diversas piezas de Antonio Miralda

Francamente, me resulta triste que una entidad con tantos años de historia y seriedad, con colaboradores y promotores de gran envergadura, nos proponga a los artistas, que sufrimos especialmente las penurias de la crisis, un evento tan poco apetecible.

Ya sé que con este post uno se cierra muchas puertas para acceder a las altas esferas del mundillo artístico y por supuesto la imposibilidad de ser aceptado en muchos concursos, pues además de que mi pintura no es "vanguardista" ni "contemporánea" estoy muy alejado de todo este absurdo arte transgresor. Pero amigos del arte, no puedo cerrar los ojos ante tanta farsa e hipocresía y afortunadamente no estoy solo en mis reflexiones. 

¡Ánimo amigos artistas, tenéis hasta el día 6 de Mayo para participar!    

martes, 24 de abril de 2012

Todos somos críticos: de fútbol, de cine, de literatura… y también de arte


Debo confesar que a ratos me siento un poco desmoralizado: cada vez que me toca compartir un encuentro con curadores, funcionarios, galeristas o artistas contemporáneos, se reproduce la misma situación: luego de escuchar alguna de mis objeciones acerca de la validez de un zapato, una lata de sopa o un tiburón en formol presentados como obra de arte, me veo obligado a soportar la explicación entre admonitoria y piadosa de que el artista DEBE ser la expresión de su época, y de que el pluralismo de las manifestaciones artísticas es el gran logro del arte actual.

Para las voces autorizadas que presentan esa opinión como si fuera una ley física tan demostrada e inapelable como la ley de gravedad, la expresión “arte de nuestra época” condena al infierno del anacronismo a todo aquél que se atreva a pintar un retrato, un paisaje o una naturaleza muerta (invariablemente ridiculizados como cosas bonitas para poner encima del sofá), en tanto que la palabra“pluralismo” involucra la certeza de que todo es arte o que todo puede llegar a serlo.
El pluralismo brilla en las ferias, bienales, premios y museos de arte contemporáneo, comúnmente invadidos por un heterogéneo amontonamiento de videos, desechos industriales, materiales primarios como maderas, piedras, trozos de hormigón, planchas de metal, etc., productos del supermercado, pinturas (que para ser actuales deberán estar ostensiblemente mal pintadas), fotos, ruidos, luces y cualquier cosa o acción extraída de la vida cotidiana.
Cuando enfrento esas afirmaciones, procuro abrir una ventana a la racionalidad y el sentido común y recuerdo que el zapato, la lata de sopa y el tiburón en formol son vistos como arte cuando están adentro del museo, pero que al ser retirados de allí vuelven a su naturaleza intrínseca de objetos corrientes y banales.
En otras palabras, aunque el MOMA o la Tate los presenten como una obra de arte, un zapato siempre es un zapato, y una lata de sopa nunca será más que una lata de sopa.
Por otro lado, no tengo reparos en reconocer que el arte oficial está dominado por el paradigma de la ruptura con la tradición y el avance permanente, pero me parece oportuno y sensato señalar que el gusto artístico está muy lejos de ser una cristalización definitiva o una ley invariable de la historia del arte, vigente en todos los tiempos.
Lejos de eso, basta recordar que el paradigma neoclásico del siglo XIX consideraba al arte del Renacimiento como el modelo supremo a seguir, y que los artistas del Renacimiento, a su vez, procuraron emular el arte grecolatino que había florecido veinte siglos antes de la época en que les tocó vivir. Tanto en el Renacimiento como en el siglo XIX se buscaba, justamente, el ideal de un renacer del arte del pasado, exactamente lo contrario de lo que busca el arte del presente, cuyo impulso principal reside en el afán de negar el pasado y crear un nuevo arte basado en la nada.
Lamentablemente, el fruto de ese impulso negacionista, sustentado en la enternecedora credulidad de un mundo artístico convencido de que basta con llevar el zapato, la lata de sopa o el tiburón en formol al museo para que se conviertan en obras de arte, ha hundido al arte de nuestro tiempo en el tragicómico abismo de una estupidez sin fondo.
 También me parece interesante y necesario señalar que el desmesurado relativismo de creer que cualquier cosa es pasible de ser declarada arte, ha logrado el raro milagro de eliminar el ejercicio de la crítica y el juicio de valor, inseparables de todas las creaciones humanas valiosas y genuinas.
 Quiero decir con esto que frente a un partido de fútbol, un film cinematográfico o una novela, todos somos natural y espontáneamente críticos y emitimos juicios de valor: decimos que el partido fue buenísimo, que Messi es genial y que el arquero debería dedicarse a vender pizza; afirmamos que la película nos conmovió hasta las lágrimas o que es un bodrio fenomenal, y recomendamos ardorosamente la última novela de Auster o le advertimos a nuestros amigos que no se les ocurra comprarla.
 Pero el pluralismo artístico que predomina en las ferias, los museos y los medios de prensa tiene otras reglas: en ese mundo, lo políticamente correcto es declarar que todo es genial: los artistas emergentes hacen preciosidades, los fotógrafos alcanzan la excelsitud, las performances e instalaciones son incisivas e inteligentes y los calamares podridos del premio Petrobras alcanzan una extraordinaria intensidad expresiva. Hace unos años, el primer salón Osde concedió los primeros premios a una pintura constructiva, una fotografía de una señorita acostada junto a un charco de agua, un cajón de fruta lleno de tierra (“La tierra prometida”) y un pequeño petardo colocado sobre un pedestal. Cuando le pregunté al organizador del premio y miembro del jurado cómo habían hecho para atribuir méritos y jerarquías entre cosas de tan diferente naturaleza, el hombre me respondió que el arte debía avanzar, lo cual me dejó aún más desconcertado, porque me pareció que hacer semejante mezcolanza de géneros y categorías era cualquier cosa menos un avance.
¿Cómo podrían actuar los jurados de un concurso de belleza si además de las dulces señoritas compitieran automóviles y productos de repostería?
Frente a un pluralismo tan excesivo, resulta obvio que lo único que podía pasar en el mundo del arte contemporáneo es lo que pasó: se hizo necesario abolir el espíritu crítico y los juicios de valor, por la sencilla razón de que si todo es arte todo deberá ser necesariamente maravilloso.
Y porque si se aceptara que algo no lo es, la duda alcanzaría irremediablemente a todo el resto.
Esto explica la desaparición de la crítica de arte que era tan habitual en los medios gráficos, cuando nadie se rasgaba las vestiduras si un crítico decía que la muestra de A era pésima o mediocre, o que B tenía demasiada influencia de Picasso o de Chagall.
Hoy, bajo el imperio del pluralismo, si alguien se atreve a decir que el zapato, la lata de sopa o los calamares podridos no tienen nada que ver con el arte, la guadaña conceptual le colgará los rótulos de reaccionario e intolerante, porque el hecho de aceptar que algo es malo, tonto o banal, significaría abrir el cauce a las opiniones independientes y legitimar la opinión crítica del público.
Y eso es algo que los legisladores conceptuales no pueden permitir.
Si alguien rechaza el arte regido por los valores supremos del espíritu de la época y el pluralismo será porque no lo entiende o porque no está debidamente informado, nunca porque ese arte pueda ser banal o insustancial, o simplemente estúpido.
Sin embargo, los que practican la intimidación intelectual de sostener que el arte está inexorablemente regido por inviolables leyes supremas, olvidan que el arte no es una ciencia exacta sino una necesidad del espíritu que puede florecer en las direcciones más inesperadas.
Lamentablemente para ellos, a pesar de los esfuerzos que realizan para prohibir y ridiculizar el arte del pasado, hoy mismo multitudes de jóvenes que visitan el Prado, el Metropolitan o cualquier otro gran museo de Bellas Artes ejercen su espíritu crítico, sienten que algunas obras les resultan lejanas e indiferentes y que otras los dejan mudos de admiración.
A partir de allí emprenderán el carril artístico que les marca su corazón.
Y no estarán equivocados.


arteytextos.blogspot.com

domingo, 15 de abril de 2012

La burbuja del arte

Quim Monzó                               Damien Hirst


Os paso una breve reflexión de un artículo de Quim Monzó publicada ayer en la Vanguardia en la que nos previene de la efímera y dudosa valía bursátil del arte actual. De nuevo aparece Damien Hirst como protagonista ¿Estaremos ante una nueva burbuja ... del arte?

¿Ahora hay que invertir en arte?
Hace una semana, Luis Benvenuty explicaba en este diario que, en nuestra época de incertidumbres económicas, hay gente con dinero que prefiere comprar arte y no cosas que hoy en día no tienen claro qué futuro les espera. Antes todo era comprar pisos -para invertir, decían- y ahora, para invertir, nada mejor que un Picasso o un Barceló. El titular dejaba clara la seguridad de la jugada: "Cuanto más cara la pieza, mejor". Pensé: "Quizá sí...". Pero me quedó la duda. Si ha habido una burbuja inmobiliaria, ¿no podría ser que también hubiese una burbuja del arte, y más del actual? No quiero comparar pero cuando, hace años, muchas personas invirtieron en sellos los ahorros de su vida la cosa acabó como el rosario de la aurora. Evidentemente no es lo mismo, porque aquel caso filatélico ya de entrada despedía cierto tufo, pero nunca se sabe qué puede pasar, porque las cosas pierden valor de un día a otro y circulan un montón de obras que dicen que fueron hechas por tal o cual artista y después se ve que lo único que hacía era firmar los papeles en blanco que le ponían enfrente.
Ahora mismo, por ejemplo, el artista Damien Hirst triunfa en Gran Bretaña. "La Tate Modern se rinde ante Hirst", es el titular. Rafael Ramos, el corresponsal de La Vanguardia en Londres, escribía hace unos días: "El arte oficial británico se ha decidido por fin a institucionalizar los tiburones y las vacas en formol, o las calaveras de diamantes que rinden culto al dinero. Damien Hirst, el artista vivo más cotizado del planeta, es objeto de una gran retrospectiva en la Tate Modern, que se inaugura esta semana y que coincidirá con los Juegos Olímpicos de Londres".Por lo tanto, en principio, si Damien Hirst es "el artista vivo más cotizado del planeta" e incluso la Tate Modern se rinde ante él, el hombre con dinero diría: pues invierto en una cosa sólida, segura, y me compro un Hirst. No parece que haya duda alguna, al menos hasta que abres The Independent y lees lo que escribe Julian Spalding, uno de los críticos de arte más prestigiosos de Gran Bretaña. En el artículo de The Independent, el crítico arremete sin piedad contra el artista, desde el mismo titular: "En el mundo del arte las obras de Damien Hirst son el equivalente de las hipotecas subprime". Más claro el paralelismo entre la inversión en tocho y en arte, imposible. Después de arrearle un garrotazo tras otro, el crítico acaba con las palabras: "Vale más que sigáis un consejo: vended vuestros Hirsts si habéis tenido el poco acierto de comprar alguno, y hacedlo antes de que ya no valgan nada". Dos apuntes. Uno: los que tienen dinero harán bien de dudar un poco si es en arte en lo que hay que invertir ahora. Y dos: me encanta que, hoy en día, la mejor forma de ejemplarizar la poca valía de un creador sea compararlo con las hipotecas subprime.
Quim Monzó 
La Vanguardia, 14/04/2012

martes, 7 de febrero de 2012

viernes, 27 de enero de 2012

SABOTEARON MI BLOG

AMIGOS HARTISTAS Y ARTISTAS, MI BLOG FUE INHABILITADO SIN PREVIO AVISO, SI SABEN CÓMO AYUDARME POR FAVOR APORTEN INFORMACIÓN, SON CIENTOS DE ENTRADAS Y EL TRABAJO DE 4 AÑOS, LES RECUERDO LA DIRECCIÓN www.avelinalesper.blogspot.com

jueves, 12 de enero de 2012

Carta a un seminario de gestores d/el/Arte

"Divina proporcione"
por Josep Nogué

Me permito presentaros a un colega "Hartista", como todos nosotros "Hartista" por "obligación", que con mucha sátira y humor se dirige por carta a los altos estamentos del arte, rogándoles clemencia en sus veredictos. 
Se llama Josep Nogué y os paso su blog en el que encontraréis escritos (algunos en catalán) con mucha ironía dignos de un gran "Hartista". 
Ahí va la carta. Creo que su súplica la conocemos todos los "Hartistas" 
Eminencias Reverendísimas:
Ante todo pediros disculpas por importunaros con mi suprema ignorancia, propia, seguramente, de la tosca mentalidad de un simple trabajador manual embrutecido por el contacto con la vil materia.
Sin embargo, mi admiración por el Arte me empuja a dirigirme a Vuesas Eminencias Reverendísimas (V.E.R.) en demanda de orientación y consejo, pues deduzco de vuestras publicaciones, que sois expertos en el Arte contemporáneo y su mercado, terreno en el cual me siento absolutamente perdido.Es por ello que, abusando de vuestra paciencia, quisiera haceros participes de mis rogativas, a la espera de que tengáis a bien atenderlas.
Entiendo que, quienes acceden a vuestros seminarios, aparte de poder costearse lo que valen, tienen la intención de dedicarse, de alguna manera, a la gestión del arte en el ámbito contemporáneo; lo cual, en los tiempos que corren, y por lo que tiene de espiritual dicha especialidad, viene a ser –junto con el deporte- el equivalente actual de la religión, entendida como “el culto elevado a los altares” y, por tanto, reservado a la clerecía; cargo que V. E. R. asumen (o aspiran a ello) en el mundo artístico.
Por eso un servidor, que en la infancia fue monaguillo, nunca se atrevería a aspirar a cargo tan elevado, por lo que tiene que conformarse, a lo sumo, con el de sacristán de alguna de vuestras iglesias, capillas o catedrales.Porque, a pesar de haber sido educado en latines y haber ejercido diversas funciones parroquiales (léase: diseño gráfico, ilustración, escultura, muralismo…), destinando a ello incontables horas de oración, plegaria y recogimiento, no he sido bendecido con la gracia por la que se me permita acceder a los altares a participar de cualquier pobre o solemne misa, debiendo conformarme con ejercer de apagavelas en el rosario de las beatas.
Como doy por supuesto que vuestros seminarios facultan a sus Eminencias, además de oficiantes para dichos cultos, para saber distinguir entre buenas y malas obras; lo que tiene la virtud de elevar a los altares a las primeras y condenar al fuego eterno a las segundas; imploro de vuestra magnificencia y sabio discernimiento sacerdotal, tengáis a bien sopesar las mías, para que, en caso de considerarlas dignas de adoración, como seria mi aspiración, les sea otorgada su bendición para poder ser admitidas en el santo panteón de los milagros y convertirse en imágenes de culto. Y, así consagradas, permitan a su humilde autor (o sea, yo) beneficiarse de la modesta renta que los óbolos de los feligreses tengan a bien destinar al culto de dichas obras.
En caso contrario, si pensáis que solo merece vuestro repudio, imploro de la misericordia de vuesas mercedes, no las juzguéis con excesiva severidad, dado que fueron realizadas con la mejor intención, sin ánimo de ofender a dios, ni a sus respetables representantes en la tierra, tal como fueron escritas estas palabras, ni en ellas encontréis más pecado que el de la ironía.
P.E. Tal vez queráis aprovechar los desvaríos de este pecador, para instruir a vuestros Excelentísimos aspirantes en las miserias del bajo mundo, por el cual ellos deberán mediar.
Me ofrezco voluntario, para que, si lo creen conveniente V.E.R, sus pupilos puedan analizar los frutos de mis bajos instintos y, en lo posible, intenten enderezar mi vida por el recto camino.
Quedo a vuesa entera disposición.
Atentamente
Un pecadol

jueves, 5 de enero de 2012

El arte de la provocación: Damien Hirst

Damien Hirst con una de sus creaciones.


En una entrevista publicada en la revista 'Radio Times', el pintor inglés David Hockney ha desatado una intensa polémica en el panorama artístico británico al lanzar un duro ataque contra el artista Damien Hirst, al que le critica por utilizar asistentes y no realizar él mismo sus obras.

DAVID HOCKNEY . Autorretrato, 1955
oil on plywood,  24x18 in.

Como siempre la fama conlleva más fama, porque ya sea una crítica constructiva o destructiva, mientras  se hable sobre el artista en cuestión este permanecerá en el candelero, que al fin y al cabo es lo que pretende el arte de la provocación y el artista provocador.

David Hockney es un gran artista, no cabe duda, y uno de los más influyentes del siglo XX, admirador de Bacon y uno de los principales artistas del movimiento Pop inglés. Su alejamiento inicial de la abstracción en pro de una figuración muy particular, un tanto expresionista, lo distancia de las tendencias más vanguardistas y del conceptualismo actual. No es de extrañar pues su postulado y posicionamiento respecto a la tendencia actual de las escuelas cuando afirma: "Yo solía insistir en la escuela de arte que puedes enseñar las técnicas, pero no puedes enseñar la poesía. Pero ahora intentan enseñar la poesía y no la técnica".

David Hockney pintando una de sus obras

Estoy absolutamente de acuerdo con esta afirmación, sin embargo difiero en cuanto critica que la obra debe ser realizada enteramente por el propio artista. A mi juicio lo más importante de una obra de arte es el resultado, no el proceso como afirman los conceptuales, con lo cual los medios empleados para realizarla carecen de importancia. Lo primordial es que la obra sea estética y que transmita una vibración en el interior del espectador, una emoción armónica en su colorido y forma, una melodía que tanto pueda ser bella como expresar cualquier otro sentimiento. Artistas como Miguel Ángel, Rubens o Delaunay se habían servido de ayudantes para realizar vastas obras  que requerían de colaboradores, obras que de otra forma no existirían. Lo importante, además de la estética que menciono más arriba, es que el artista dirija y sea el creador de la obra, al igual que un director de orquesta sin el cual los músicos no podrían tocar la pieza armónicamente o un director de cine que dirige a sus actores y cámaras para la consecución de su obra final. Sin embargo sí creo rotundamente que las obras plásticas de formatos pequeños o medios las debe realizar el propio artista.

El caso de Damien Hirst que tanto critica Hockney, es diferente. Este polémico artista que tiene como sistema escandalizar al público con sus animales disecados en formol y sus calaveras humanas decoradas con brillantes, afirma  respecto a sus obras de círculos de colores que "Cuando vendo una, uso el dinero para pagar a gente que haga más. Ellos lo hacen mejor que yo. Yo me aburro, me vuelvo impaciente". Aquí creo que ya no cabe la creación ni la emoción que requiere una obra de arte que se precie, ya que nos da a entender que se desentiende con "su aburrimiento" de esta emoción, tan importante durante el proceso de creación para que el resultado nos pueda emocionar. El artista debe emocionarse y plasmar estas sensaciones.

Damien Hirst y su calavera de brillantes.


En muchas de las obras de Hirst es obvio que se requiere la "colaboración". Sobre su "estética" una imagen vale más que mil palabras, pero quizás una excepción está en la monumental The Virgin Mother ... vosotros mismos.

Podéis leer el artículo en "El Mundo.es"

For the Love of God 

LSD by Damien Hirst

The Virgin Mother