
A casi un siglo del inicio del Dadá todas las formas del arte contemporáneo siguen alimentándose de esta mina agotada. Entre 1916 y 1922 en que surgió y se extinguió el dadaísmo, se crearon las formas artísticas que hoy siguen imitando sin aportar evolución o superación y sin el riesgo y osadía que si tuvieron los dadaístas. Mientras que el dadaísmo era protesta y trasgresión, manifestándose como el anti-arte, hoy todo es arte y nada transgrede. El collage, el performance, los anti-poemas, la escritura automática, las instalaciones, la destrucción en escena todo es creación de los dadaístas ¿Cuál es la aportación del arte actual? Convertir una revolución en conformismo y comodidad. El apetito por lo nuevo que tienen las galerías, museos y curadores ha decidido que la pintura y la escultura no son nuevas y que estas manifestaciones que ya casi cumplen el siglo sí son nuevas, el “ready-made” y el urinario ya son centenarios y hoy siguen en el top ten de las novedades. Esta falta de originalidad tiene una razón evidente, como lo dijeron los dadaístas, “como esto no es arte permite a todo el mundo ser dadaísta” y eso pasa ahora, como esto no es arte permite a todo el mundo ser artista, cayendo en una contradicción fundamental, estamos viviendo un asunto extraordinario: una generación multitudinaria de artistas sin arte. Una legión sigue a este movimiento repitiendo sus plegarias a San Duchamp y perpetuando algo de lo que sus creadores afirmaban “las obras dadá no deben durar más de cinco minutos”. Los seguidores son la tumba del movimiento, por eso no logran aportarle nada. En el performance es más se evidente esta contradicción, algo que tendría que ser efímero ya se estancó en los museos.
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Avelina Lésper consigue expresar mejor que nosotros mismos lo que pensamos y sentimos, y además da numerosos datos, reflexiones, etc. Os recomendamos de corazón este y los demás artículos de su blog.
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