lunes, 1 de junio de 2009

La medida del éxito

En el diario Público me acabo de encontrar esta noticia:
http://www.publico.es/culturas/229345/richard/long/arte/caminar
Sobre la retrospectiva de Richard Long (land-artista) en la Tate Britain.

Me parece llamativo que se valore tanto una obra que básicamente, se reduce a actos muy simples, como caminar en línea recta una y otra vez hasta aplastar el pasto, o caminar por un lugar con una piedra en el bolsillo. Incluso cuando tratamos de sus "esculturas" que involucran grandes movimientos de tierra (por cierto, totalmente antiecológico, lo que sorprende en alguien que está considerado como un defensor de la Naturaleza), en realidad se limita a cosas muy simples, como una espiral de rocas en la costa, o una zanja en un terreno virgen.

Evidentemente, si medimos el éxito como acopio de riquezas y poder, Richard Long lo ha alcanzado con creces. Pero ¿como artista? Si pensamos que este conjunto de cosas básicas, actos simples, etc, es toda la obra de un supuesto artista durante 40 años, suena penoso. ¿Cuántos cuadros, esculturas, edificios, jardines, obras de teatro, películas, cómics, poemas, novelas, ensayos filosóficos... maravillosos da tiempo a completar en 40 años?




¿Qué es el éxito en el arte? Recuerdo, en este momento, el punto 7 del Manifiesto Stuckista: "Success to the Stuckist is to get out of bed in the morning and paint." (El éxito para el stuckista es levantarse por la mañana y pintar), que también está en el punto 15 de nuestro propio manifiesto.

4 comentarios:

JuanMa dijo...

Hay quien dice que no es relevante que algo sea una obra de arte, si no que algo sea relevante como arte.

Claro que según este criterio, Damien Hirst es poco menos que un genio.

Personalmente conozco un artista excelente, muy bueno, genial (mi tío, vamos), el cual, por cosas de la vida no ha querido/podido vivir del arte, y lleva toda su vida trabajando en el campo.

Según el criterio del primer enunciado de este comentario, la excelente y dilatada obra de tío no es arte en absoluto, en la medida en que no es relevante como arte.

Por ello no puedo si no disentir con la entronización de individuos que no saben qué es crear una imagen, y mucho menos crear una buena imagen.

La medida del éxito no vale para medir cuan bueno es un artista. Todos conocemos muchos ejemplos de artistas que en vida jamás fueron valorados o reconocidos.

Anxova dijo...

En realidad el éxito, entendido como el reconocimiento del público a lo largo de mucho tiempo quizá sea la mejor medida del talento. Grandes del arte como Bach, que en su época tenían un éxito relativo, acabaron casi olvidados ya en su vejez (no tanto, en realidad). Las modas en arte también influyen.

Pero al cabo de los siglos, cuando las modas han muerto, el reconocimiento por la obra realizada puede ya hacerlos eternos.

Con esta gente, como Long (a mi entender, un escultor, para otros un genio conceptual) será su obra la que los condene al olvido o los lleve al reconocimiento futuro. Yo me pregunto si su obra será suficientemente importante para sobrevivir a las modas que lo han encumbrado en vida.

Anxova dijo...

Respecto al talento puro en lugares desconocidos, soy un tanto escéptico. Puede que tu tío, Juanma, sea un genio realmente, y dentro de unas generaciones se haya reconocido su talla. Ya ha ocurrido con algunos artistas en el pasado.

Pero por lo general son excepciones. El tío de Antonio López era un gran dibujante y pintor, pero sólo la fama de su sobrino ha hecho que trascienda. Probablemente existen otras muchas figuras destacadas que pasan sin pena ni gloria, teniendo la misma calidad. Es ley de vida, como suele decirse.

Pero lo que me parece importante no son ya estas cuestiones del éxito en vida, que al fin y al cabo tiene mucho de circunstancial, aunque también hay que trabajárselo, si uno no sale de su casa no lo conoce ni el Pupas. Lo que me parece importante es el legado, lo que cada artista aporta al arte de su tiempo y del futuro, lo que deja hecho a lo largo de su vida.

Daniel Pérez dijo...

El asunto del reconocimiento y el éxito de una obra es un misterio; Melville, Modigliani y Gauguin murieron convencidos de su fracaso; Gide, editor de Gallimard, rechazó la publicación de "En busca del tiempo perdido"; Boguereau, Gerome y cia. pasaron de la fama en el siglo XIX al descrédito total durante buena parte del siglo XX, mientras los impresionistas hacían el camino inverso. Ante estos casos caben las preguntas: ¿cuántas obras geniales se perdieron en las sombras porque no hubo quien las descubriera? ¿Y por qué tan pocos en las artes plásticas se atreven a sostener juicios contrarios a la opinión dominante? Para pensar en el tema, propongo esta perlita de Paul Jhonson: "Nadie ha podido explicarnos por qué nos deben gustar las bañistas de Cézanne, algunas de las cuales fueron copiadas de viejos dibujos que el pintor había hecho con modelos masculinos, o con estampas recortadas de revistas, y que son, sin excepción, deformes, grotescas y horrendas".