viernes, 17 de octubre de 2008

Generando Arte además de Harte


El Hartismo tiene sentido porque no sólo nos dedicamos a hablar. Hacemos. Y haremos aún más. Hoy mismo, además de recibir el Manifest Fartista, soberbia traducción al catalán que nos ha enviado Francesc Orenes, que es de por sí una obra de arte, Carmen Martín, la tercera mosquetera fundadora del Hartismo ha terminado las ilustraciones del cuento "El Traje Nuevo del Emperador", que ha estado pintando esta semana para la presentación de mañana. Son ilustraciones sorprendentes por la técnica: las ha pintado con tinta china, pero sobre el suelo, en el patio delantero de nuestra casa. Es muy interesante el efecto que ha conseguido al aprovechar manchas, impurezas y texturas del cemento, que al fotografiarse se destacan todavía más. Este cuento de Andersen, que será leído mañana por Xurxo Varela, músico y hartista, será acompañado con las ilustraciones que Carmen ha pintado.

En breve subiremos a la web el cuento con estas ilustraciones.


En realidad, el Hartismo sólo cobra totalmente sentido cuando también nos sirve como estímulo para crear, poniendo así en práctica las ideas recogidas en el Manifiesto.

De hecho, como dice Carmen, el Hartismo también se demuestra haciendo, no sólo hablando, denunciando, protestando. Hacer arte es el arma más poderosa que los artistas hartistas tenemos.
Por eso, a los hartistas artistas, os queremos animar a crear con todas vuestras fuerzas, haciendo lo que de verdad os guste, lo que sea vuestra pasión. Cuadros, textos literarios, música, esculturas, vídeo, animaciones en flash... Como dijo una amiga hartista, las verdades duelen más que los palos, y nuestra verdad será el trabajo que desarrollemos y estas ganas que tenemos de hacer cosas, que todos los que nos habéis escrito compartís.

Tanto la revista como nuestro blog y el correo del Hartismo están abiertos a vuestras colaboraciones, que os publicaremos con sumo agrado. Y por supuesto aceptamos todo tipo de ideas, tanto para actividades hartísticas como artísticas. ¿Por qué no un Café Voltaire dadaísta, pero al revés? ¿Por qué no un Salón de los Rechazados? ¡Todo se andará!



Por lo pronto intentaremos acostarnos temprano, que mañana es el gran día. Y por cierto, será 17 de Octubre, víspera de San Lucas, el patrón antiguo de los pintores. ¿Casualidad?

Nota: ya nos gustaría, ya, que lo de San Lucas estuviese pensado de antemano, pero no: realmente ha sido casualidad, aunque no deje de ser llamativo.

4 comentarios:

Passy dijo...

Me acosté después de leer su manifiesto. Tardé en dormirme. Hay cosas que están bien dichas. Sabiéndolo o sin saber, en realidad se trata de un compendio apasionado de "El Estado cultural" de Marc Fumaroli, escrito ahora desde "este lado." Esta mañana, desde la cama a la ducha, he dejado por el camino las diferencias con su manifiesto y, mientras abría el grifo del agua caliente, me he concentrado en el núcleo del error. El punto de vista del artista no puede ser la humildad, trabajar con las manos, como si nada y todo eso. Qué va. Todo el manifiesto está transido de un aire de artesanía; es como si se hiciera dejación de la excelencia. Se tocan temas más o menos trillados y que todos los años dan para unas cuantas cenas antes y después de Arco, pero nada se propone. Un manifiesto debe ser un tirachinas en cuya badana se colocan sus firmantes dispuestos a todo. Aquí hay un repliegue en el que, efectivamente, se reconocen grandes verdades respecto de los actores del mundo de la cultura,pero que no propone nada que no sea la visibilidad. Y eso no se gana más que con calidad. Los buenos figurativos, los buenos abstractos, están en los museos en las bienales y en las subastas. El óleo se vende en Chritie`s como si fuera santo y la fotografía revelada en cubeta, tres cuartos de lo mismo. No hay problema en que algunos "babeen" viendo como funcional un DVD. También lo hacían con el carro de diapositivas y lo hicieron cuando Vermeer mezclaba el cobalto. Se trata simplemente de hacerlo bien. Y cuando lo hagamos bien y alguien nos lo diga y nos lo reconozca, no rechazaremos el halago. Mientras tanto, sustitúyase pintor por escritor en el siguiente párrafo de Cyril Connolly y se hallará qué debe hacerse en el arte, siempre; todos los días.

Salud y ánimo.

"Cuantos más libros leemos, antes nos damos cuenta de que la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra, y que ninguna otra tarea tiene la menor­ importancia. Pese a esta evidencia, ¡cuán pocos escritores admitirán, o, habiéndolo admitido, estarán dispuestos a abandonar la pieza de iridiscente mediocridad que han comenzado! Los escritores siempre esperan que su siguiente li­bro sea el de mayor grandeza, ya que son incapaces de acep­tar que su modo de vida presente sea lo que les impide crear algo distinto o mejor.


Todas las incursiones en el periodismo, la radio, la propaganda o los guiones cinematográficos, por grandiosas que sean, sólo pueden resultar decepcionantes. Poner lo mejor de nosotros en esas formas de expresión es otro desvarío, ya que así condenamos tanto buenas como malas ideas al olvido eterno.

Esos trabajos son por naturaleza efímeros, así que nunca deben ser emprendidos. Los escritores dedicados a cualquier actividad literaria que no sea el intento de crear una obra maestra son víctimas de su propio engaño, y, a menos que estos autoaduladores se consuelen en la consideración de que dichas actividades son su aportación a la campaña bélica, daría mismo que estuvieran pelando patatas."

Cyril Connolly

Passy dijo...

Una coda:

Me resultan ofensivos algunos de sus banners. Por ejemplo ver tachada de rojo la fuente de Duchamp... No sé; no me gusta.

Hablaremos otro día del conceptualismo. ¡Como si detrás de cada lienzo no hubiera una idea! Y por cierto, las mismas emociones puede provocar un conceptualista que un prerrafaelita, pongo por caso. La única condición es la ya dicha: que sea bueno.

Passy dijo...

Y discúlpeme esta segunda coda. El arte no es para todos. El arte es sólo para el que está dispuesto a saber. Lo mismo que el firmamento es para quien decide perder un rato en aprender dónde está Casiopea o que es una nebulosa. No digamos la historia o cualquier otra disciplina. Tendemos a creer que el arte producirá en nosotros una emoción automática, un don estético en forma de lengua de fuego depositada por el Espíritu de Gombrich. Pero Gombrich no es una paloma. El arte para el que se lo trabaja: para el que pinta y para el que mira. No será por museos de todo tipo. Desde el Prado a los provinciales de principios del XX y los radicales de finales del mismo (Si: ésos que tienen todos la misma colección.) El arte para el que ve y ve y vuelve a mirar. Y lee, lee y vuelve a leer. El arte para el que gasta un duro en una cuadro barato de un joven que le sorprende en la exposición de un bar o para el que se planta frente al perro de Goya y atisba algo. El arte para el que decide volver a un cuadro barroco después de estudiar qué simboliza cada uno de los objetos que llevan los personajes representados. El arte para el que sabe que el pintor aprovecha los colores calientes para acercar los objetos y así sucesivamente,
Y en cuanto a pintura, lienzo y precio, eche un ojo a esta lista y pásmese. Todo está pintado en los últimos cuatro años.

http://www.artnet.com/PDB/PublicAuctionResults.aspx?collection_id=146421&page=2&sortorder=0

¡A pintar! ¡Estamos tardando!

Anxova dijo...

Hola, Passy, estamos de acuerdo en lo básico: "¡A pintar! ¡Estamos tardando!". Y si se interpreta de otra manera -siempre los textos son interpretados- en realidad pensamos igual. Claro que buscamos la excelencia. Nosotros le llamamos "pintar bien", "con estilo" en lugar de "en un estilo". Esta perversión del lenguaje, pasar de entender estilo como excelencia a entender estilo como moda es la que ha provocado las crisis que ahora padece el arte y su mundillo, y toda la confusión que la novedad y la obsesión por la novedad trae consigo.

Pero la única manera de llegar a la excelencia es a través del trabajo continuado, y si quieres decirlo así, artesanal. No entendiendo artesanal como sinónimo de mediocre, sino como sinónimo de lo bien hecho, lo hecho con mimo, con cariño, con placer. Por eso gritamos que hay que mancharse las manos. A la excelencia no se llega por la pura voluntad, sino por el conocimiento, y por el oficio acumulado.


Fíjate que si comparas nuestro manifiesto con el manifiesto stuckista, nosotros no recogemos la mención al artista como amateur -amante- sino que hablamos de profesionalidad, de oficio, de hacer las cosas bien (excelencia). Es mucho más que un matiz.